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PRÁCTICAS DE INNOVACIÓN
La gestión de los cambios institucionales
Todo cambio es un proceso, no un suceso. Si se trata de la introducción de cambios significativos, que implican nuevas formas de pensar y nuevos modos de actuar en la clase o en el centro, es importante reconocer que esto no es un proceso de ajuste más, que tiene lugar de modo instantáneo. Las ideas importantes no se cambian de la noche a la mañana y lo mismo sucede con nuevas metodologías y las nuevas formas de organizarse. Al introducir una técnica nueva, al principio se pasa por una fase de confusión, de inseguridad y de desánimo. Gradualmente, si el cambio tiene éxito, el proceso conduce a estadios de mayor confianza y desarrollo personal. Con el tiempo, la práctica y los principios que la sustentan se hacen personales, es decir, se integran a las ideas y prácticas ya existentes.
Afrontar cambios requiere asumir riesgos y es mucho más seguro quedarse donde uno está. Frecuentemente si se adopta algo nuevo hay que renunciar a algo consolidado y esto suele ser doloroso. Pedir a las personas que cambien sus modos de pensar y de actuar, en los que han invertido tiempo y energías considerables en el transcurso de su vida profesional, supone que deben renunciar a determinados aspectos de su práctica anterior y puede generar considerable daño.
Los procesos requieren tiempo y, a veces, las administraciones educativas creen que cambiando la norma se cambia la realidad. Esta impaciencia se traslada con frecuencia a los agentes promotores de los cambios en su intento de contagiar por vía de urgencia a compañeros e instituciones. Se aportan informaciones diversas sobre el tema:
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